El paisaje de un año vivido.

La falta de tiempo. La falta de pausa. La falta de cuidados.

Jorge Riechmann habla de la crisis de los cuidados como uno de los rasgos más profundos de nuestro tiempo: cuando no cuidamos —o no podemos cuidarnos— aparece también una crisis de atención. Y una crisis de atención es, en el fondo, una crisis de amor. Porque sin atención no hay amor: ni hacia otros, ni hacia lo que hacemos, ni hacia nosotros mismos.

Y justo en este momento del año —cuando intento mirar con calma lo que fue mi año y lo que pienso para el próximo— siento más que nunca la necesidad de esa atención. Por eso vuelvo a mi pequeña práctica: subir, simbólicamente, a una colina para ver el paisaje completo. Sentarme con mis libretas (sí, varias), mis bolígrafos y colores… y tomar distancia para observar quién fui, cómo viví mis meses, qué aprendí y qué deseo ajustar para el año que viene. A veces en una sesión larga; otras, en tiempos fraccionados de dos o tres horas.

Cuento todo esto porque la crisis de los cuidados está en todas partes y nos atraviesa de muchas maneras.
¿Cómo es la atención hacia nosotros mismos?

Pero, ¿qué significa “atender”? Proviene del latín attendĕre. La RAE lo define así:

  1. Acción de atender.
    Sinónimos: cuidado, esmero, interés, vigilancia, curiosidad, observación, aplicación.
    Antónimos: desatención, distracción.

¿Cómo no vamos a vivir una crisis de cuidados si atender —es decir, cuidar— requiere tiempo, observación y presencia? Y todas esas cosas escasean en la velocidad del día a día.

No todos encontramos introspección a través de la escritura, y no tiene por qué ser así. Cada persona descubre, con el tiempo, sus propias formas de cuidarse, observarse y comprenderse. Pero todas requieren tiempo: tiempo dentro de las mismas 24 horas que compartimos. A veces puede parecer descabellado reservar un espacio solo para nosotros… pero es ahí donde comienza la atención: en detenernos, aunque sea un instante.

Cuando era niña hacía listas de “cosas para el próximo año”, pero carecían de intención. No había reflexión que me permitiera distinguir si realmente deseaba esas metas o si eran vacías. Por eso muchos huyen de los “propósitos de Año Nuevo”: sienten que no pueden cumplirlos. A mí también me pasó. Y era precisamente por no prestarme atención, por no cuestionar de dónde venían esas intenciones ni cuáles eran mis recursos reales para llevarlas a cabo.

A veces pensamos en términos materiales: los mercados se empeñan en mostrarnos objetos que supuestamente llenarán el vacío. Pero lo que buscamos rara vez está afuera; está dentro.

Amarnos, reconocernos y mirarnos con ternura es parte esencial del cuidado. Poder vernos con más amor nos ayuda también a mirar el mundo de manera diferente y a reconocernos como seres interdependientes: no somos únicamente por nosotros mismos, sino gracias a una fuerza mayor, colectiva y amorosa, que nos sostiene.

Propuesta para cerrar el año
He preparado un ejercicio sencillo de observación: elegir una palabra y un pequeño dibujo para representar el estado interior de cada mes del año.
Les dejo aquí el enlace por si quieren explorar la actividad.

Gracias por estar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *